La responsabilidad social individual en tiempos de internet

El reciente fracaso del viaje pagado por la marca china de ropa Shein a unos cuantos influencers occidentales y las evidencias de que se trataba todo de una iniciativa completamente impostada para tratar de limpiar la espantosa imagen de la compañía prueba una vez más lo que ya desgraciadamente sabemos: que las iniciativas de responsabilidad social individual, es decir, la concienciación de los consumidores para no financiar con su dinero marcas que carecen de todo tipo de ética o principios, son algo completamente inexistente en la sociedad actual.

Shein es la compañía de moda que más crece en el mundo. Pero solo hace falta rascar un poco la superficie de la marca, para encontrarse con todo tipo de irregularidades y problemas que evidencian un absoluto desprecio por cualquier consideración ética: desde un robo de diseños convertido en una rutina sistemática o condiciones de explotación de sus trabajadores en fábricas rayanas en la esclavitud, hasta incumplimiento sistemático de la legislación de sanidad e incorporación de sustancias químicas ilegales en sus prendas, microplásticos y todo tipo de compuestos que muchas otras compañías consideran ya parte del pasado.

Lo de Shein no es obviamente desconocimiento ni un problema de adaptación debido a un crecimiento rápido: es, como ocurre en el caso de su compatriota ByteDance, un desprecio absoluto por todo tipo de normas éticas. La compañía descubrió como convertir en moda un sistema de fabricación en China en el que es capaz – por razones evidentes – de pulverizar todos los costes, y ha logrado una legión de seguidores que, a cambio de moda barata, están encantados de cerrar los ojos a todo ello. Pero como ocurre también en el caso de ByteDance con TikTok, eso no importa: es más divertido jugar a su juego, ahorrar dinerito, jugar a convertirse en influencer y poder estrenar prendas baratísimas todos los días, que tener que plantearse la importancia de la ética.

Que toda una generación esté aparentemente encantada de jugar a ese juego es un verdadero problema, porque esas marcas edificadas desde la total ausencia de principios éticos no cambian jamás: como mucho, aprenden a disimular y a engañar. Para esa generación, aparentemente, quien compra en Shein es un espabilado y un listillo que se ahorra mucho dinero, no un irresponsable que prefiere ignorar toda consideración ética, medioambiental o de salud pública.

En un mundo hiperconectado, las cosas solo pueden esconderse lo justo: basta hacer unas pocas búsquedas sobre Shein en cualquier buscador para encontrar claras evidencias de su forma de trabajar. Nadie, absolutamente nadie puede alegar ignorancia, salvo que sea completamente imbécil. Si una compañía puede agregar miles de artículos nuevos cada día mientras mantiene los precios sorprendentemente bajos, ¿cómo puede alguien sospechar que está operando de manera ética, y más cuando todas las evidencias apuntan a que no es así en absoluto? Sin embargo, los videos de compras en Shein abundan en TikTok, Instagram y YouTube, lo que hace que la compañía viva realmente bien: los pocos que se pronuncian en contra de la compañía por ejemplificar lo peor del impacto ambiental de la moda rápida quedan rápidamente diluidos entre un montón de palmeros encantados con ella.

No soy especialmente sospechoso de tener una actitud sinófoba: conozco el país por experiencia propia, he dado clase en algunas de sus universidades, tengo buena relación con compañías tecnológicas chinas, y me mantengo bien informado gracias a mis alumnos y ex-alumnos. Pero Shein no es simplemente china, sino que representa lo peor del capitalismo insostenible e irresponsable. Quien no lo quiera ver y prefiera seguir gastándose ahí su dinero, es igual de irresponsable que la propia compañía, o más si cabe, porque decide ignorar las muchas evidencias y seguir sosteniendo ese modelo. Y todo indica que toda una generación ha decidido que, a pesar de tener muchísima información a su disposición en la red que evidencia la falta de ética de la compañía, es mucho mejor tener moda barata a cualquier coste y financiar ese modelo, que pasar el esfuerzo de hacerse el más mínimo cuestionamiento sobre él.

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